Dolor (1ª parte)

Dolor. Qué es el dolor… Lo buscas y no está ahí, no puedes agarrarlo, no puedes localizarlo más allá de una presión en el pecho, un nudo en la garganta o un encogimiento en el estómago. Pero existir, existe, y si hay algo seguro es que nos afecta: es real y forma parte de nuestra vida, queramos o no. Es un sentimiento potente, por poco que nos guste.

Dolor, sufrimiento, entendido no como la herida que sangra sino como aquello que no se corta con una tirita, una medicina o hilo y aguja. ¿Cómo lidiamos con él? Es etéreo, pero nos marca y condiciona, nos limita, quizá bastante más que el dolor físico. Es algo universal, que ha existido a lo largo de toda la historia pero que aún no sabemos manejar de forma ni mucho menos perfecta.

A veces sabemos qué lo causa, a veces sabemos quién lo causa, pero es fácil verse perdido buscando el origen… y verse aún más perdido intentando ponerle solución. Normalmente deseamos tratarlo igual que aquel dolor físico; queremos una píldora que calme y haga olvidar todo, pero eso no existe. Es fácil meterse en una espiral de la que no sabremos muy bien cómo salir; una espiral de autojustificación por estar así, de buscarnos razones para volver al dolor, o de inventar falsas salidas basadas en automentiras.  A nadie le gusta, pero a muchos atrapa, y muchas veces sólo deseamos dormir y que se pase. Pero disimular tampoco funciona, esa es la mala noticia… La buena es que nosotros podemos ser nuestra propia medicina, que dependemos de nosotros mismos para ponerle remedio a nuestro dolor. Y esa es una posición de mucha mayor ventaja que la de depender de alguien (o algo), porque al menos, al tratarse de nosotros, siempre tendremos elección de qué hacer y qué no hacer. Cuidado, es una posición de ventaja, que a la hora de la verdad muchas veces se torna en nuestra contra y desearíamos que fuese otro quien nos solucionase el problema. Sucede demasiadas veces que preferimos depender de la capacidad del prójimo para extirparnos nuestros problemas, como si de un cirujano se tratase. Pero, siguiendo con el símil médico, aquí no hay un pedacito intoxicado de carne que extirpar. Es, si me apuras, y si no también, bastante más complejo.

Al final todo es bastante simple, que no fácil, y todos necesitamos ayuda alguna vez, si bien no puede ser en forma de analgésico continuo; pero allí aparecen las personas con las que se cuenta de verdad… y que nada podrán hacer si nosotros no nos dejamos ayudar.

Deshaciendo todo este entuerto, resumiendo… al final todo depende de nosotros. De nosotros ha de partir la chispa que se lance tanto para pedir ayuda, como para enfocar ese dolor y superarlo. Sin nosotros, nuestra voluntad por seguir, es difícil continuar y resulta demasiado fácil acomodarse en el dolor. Nos habituamos a él, hacemos que forme parte de nuestra rutina hasta que pensamos que forma parte de nosotros. Y eso es peligroso, porque las cosas que son rutina no las pensamos, casi no notamos sus efectos, y tienden a difuminarse en nuestro día a día. Pero llamadme idealista, no creo que el dolor, si bien inevitable en la vida, deba ser asumido como una penitencia más. No debe ser algo habitual, ni algo que pase casi desapercibido hasta que es demasiado tarde. El dolor, debemos reconocerlo primero, ser conscientes de él, para poder tratarlo y poder seguir el camino. Es el primer paso…

No pretende esto ser una guía de cómo tratarlo, obviamente, pues tal cometido es algo que queda muy lejos de un humilde post como este… pero no por ello no pondré mi particular visión de algo que todos vivimos, y todos deberíamos compartir más a menudo en esta sociedad demasiado perfecta. Sufrimos, nos duele, y es normal… Una vez interiorizado eso, se puede continuar… en algo nada fácil, pero inevitablemente necesario para alcanzar el objetivo final que creo que compartimos la mayoría: ser feliz.

Pero, repitiendo, felicidad no es ser capaz de olvidar, sino ser capaz de superar. Y para superar algo hemos de ser conscientes de ello. Y para ser consciente de eso hemos de ser capaces de admitir que está ahí, nos guste o no.

 

“People are afraid of themselves, of their own reality; their feelings most of all. People talk about how great love is, but that’s bullshit. Love hurts. Feelings are disturbing. People are taught that pain is evil and dangerous. How can they deal with love if they’re afraid to feel? Pain is meant to wake us up. People try to hide their pain. But they’re wrong. Pain is something to carry, like a radio. You feel your strength in the experience of pain. It’s all in how you carry it. That’s what matters. Pain is a feeling. Your feelings are a part of you. Your own reality. If you feel ashamed of them, and hide them, you’re letting society destroy your reality. You should stand up for your right to feel your pain.” – Jim Morrison

Aprendiendo lo que nadie nos enseñó

¿Cómo lidiamos y aprendemos sobre algo que nunca nadie se molestó en explicarnos? Hemos sido instruidos desde pequeños en matemáticas, física, química, lengua, “historia”… Pero, ¿nos hemos olvidado acaso de lo más importante?  Ser personas.

No cabe ninguna duda que hemos vivido una explosión científica, que somos capaces de entender cosas que antes parecían magia y atribuíamos a eventos divinos… pero no deja de ser menos cierto que seguimos sin poder contestar de forma certera a demasiadas preguntas que ya nos hacían Platón y compañía. Hemos avanzado… ¿pero cuánto? Y quizá más importante, ¿en qué sentido?

Parece que, dado que los sentimientos aún no se pueden medir de forma exacta, hemos ido relegándolos a un sitio cada vez más oscuro, devaluándolos en este mundo donde demasiadas veces nos quedamos en sólo un número; y muchas veces intentamos olvidar. Pero luego nos topamos con la cruda realidad, y es que son la esencia de lo que somos; pero no sabemos qué hacer con ellos. No podemos evitar vivirlos pero no sabemos cómo.

No deja de ser extraño que aquello con lo que convivimos todos los días y marca nuestra vida tanto de forma continua como en momentos extraordinariamente puntuales, no goce de un status al menos similar al de cientos de cosas que ya olvidé porque no me interesaban y no volví a utilizar.

Lo que nos diferencia de los animales y las máquinas es precisamente esa conciencia de lo que sentimos y, en cambio, parece como si muchas veces quisiéramos despojarnos de ello y parecernos a cualquiera de esos dos grupos; y verdaderamente lo logramos algunas veces.  Pero nuestra naturaleza volverá a encontrarnos una y otra vez y se repetirá  y explotará si no contamos con las respuestas y actos adecuados. ¿Y cuáles son esos? ¿Cómo saber? ¿Cómo aprender? Que nadie nos haya dicho nada no es lo ideal, pero tampoco es una excusa para dejar que la vida pase por nosotros controlándonos en vez de decidir nosotros qué hacer con nosotros mismos.

Ya lo decía William Ernest Henley en el clásico poema Invictus:

“I am the master of my fate,
I am the captain of my soul.”

(“Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”).

 

No podemos controlar muchas circunstancias de nuestra vida, pero siempre podremos controlar cómo reaccionar ante ellas. Nadie dice que sea fácil, ni que salga a la primera, ni mucho menos que se deba hacer solo. Pero al final, la decisión que hemos de tomar es si queremos aprender a ser, o si vamos a dejarnos llevar. Y no hay mucho más… si existe esa voluntad real, de convertirnos en dueños de nosotros mismos y ser lo que queremos realmente ser, cada uno irá encontrando sus propias respuestas, sean las que sean.

 

“Wake up pal…”

– Gordon Gekko (Wall Street) -

Comenzamos, otra vez

Es irónico comenzar algo (este blog) con el fin de otra cosa (el año). Pero así es. Se nos ha ido el 2011… otro año más añadido a una edad que se torna preocupante para muchos. Para mí, que creo que soy un poco raro, no tanto, la verdad.

Mi abuelo siempre decía que todos al llegar al fin de la vida miramos hacia atrás y hacemos balance, y que ahí no nos engañamos a nosotros mismos. Supongo que con los finales de año sucede algo similar a más pequeña escala e inconscientemente viajamos meses atrás, varias veces, rememorando, sintiendo de nuevo. Y nos acordamos de lo vivido, y nos sonreímos y nos reímos con algunos recuerdos mientras que otros es inevitable que encojan un poco la garganta.

En lo personal, este año ha sido un año de encuentros, desencuentros, pero también de rencuentros. He vivido momentos muy buenos, normales, malísimos. En fin, supongo que como todos los años… O quizá no. No como todos pero sí con sensaciones muy parecidas, aunque variadas; y es que un año da para mucho si uno lo aprovecha bien. Y de eso se trata, de vivir feliz en esta vorágine en la que no podemos más que ir hacia adelante. Como bien se encargó de recordarnos una de las películas del año, “Midnight in Paris”, es fácil pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor… pero lo que realmente importa es el presente y qué futuro construimos con él.

Hacer balance es un acto peligroso, pues depende mucho de con qué lupa se mire. Aquí no hay números, no hay nada exacto, y en esa inestabilidad lo que uno ve de una forma bien puede ser muy distinto a ojos de otros.

A mí me sale positivo, con todo. Entro a este 2012 con más fuerza que nunca, por todo el trabajo realizado y todo el apoyo recibido. Gracias a todas esas personas que me han ayudado a conseguirlo, día a día, sin las que no sería nada. Gracias a los que han continuado conmigo y llevan un tiempo disfrutando de mi presencia (o soportándome), a los nuevos que irrumpieron con fuerza, a los que de forma casi mágica han aparecido otra vez y a los que han venido a buscarme a propósito (tenéis unos huevos enormes, en serio). Y los que ya no están… que sepan que su recuerdo, sus enseñanzas, lo vivido, no se olvida; y que también han formado parte de todo este crecimiento experimentado. A todos, y por tópico que pueda sonar… gracias desde lo más profundo de mi corazón.

Yo no sé si habré estado a la altura este año. Espero que sí, al menos lo intenté, sabiendo que me equivoqué mil veces y que probablemente me equivocaré más en este año que entra. Espero dar lo que se espera, y si no, espero que entendáis que soy humano, y que aunque la cague, la líe, os haga enfadar, etc… no fue a propósito. Os quiero, y eso está por encima de todo lo demás. Una vez más, gracias.

 

Empieza un nuevo año, cargado de proyectos, ilusiones, ideas… Supongo que como todos. O quizá no…