Dolor. Qué es el dolor… Lo buscas y no está ahí, no puedes agarrarlo, no puedes localizarlo más allá de una presión en el pecho, un nudo en la garganta o un encogimiento en el estómago. Pero existir, existe, y si hay algo seguro es que nos afecta: es real y forma parte de nuestra vida, queramos o no. Es un sentimiento potente, por poco que nos guste.
Dolor, sufrimiento, entendido no como la herida que sangra sino como aquello que no se corta con una tirita, una medicina o hilo y aguja. ¿Cómo lidiamos con él? Es etéreo, pero nos marca y condiciona, nos limita, quizá bastante más que el dolor físico. Es algo universal, que ha existido a lo largo de toda la historia pero que aún no sabemos manejar de forma ni mucho menos perfecta.
A veces sabemos qué lo causa, a veces sabemos quién lo causa, pero es fácil verse perdido buscando el origen… y verse aún más perdido intentando ponerle solución. Normalmente deseamos tratarlo igual que aquel dolor físico; queremos una píldora que calme y haga olvidar todo, pero eso no existe. Es fácil meterse en una espiral de la que no sabremos muy bien cómo salir; una espiral de autojustificación por estar así, de buscarnos razones para volver al dolor, o de inventar falsas salidas basadas en automentiras. A nadie le gusta, pero a muchos atrapa, y muchas veces sólo deseamos dormir y que se pase. Pero disimular tampoco funciona, esa es la mala noticia… La buena es que nosotros podemos ser nuestra propia medicina, que dependemos de nosotros mismos para ponerle remedio a nuestro dolor. Y esa es una posición de mucha mayor ventaja que la de depender de alguien (o algo), porque al menos, al tratarse de nosotros, siempre tendremos elección de qué hacer y qué no hacer. Cuidado, es una posición de ventaja, que a la hora de la verdad muchas veces se torna en nuestra contra y desearíamos que fuese otro quien nos solucionase el problema. Sucede demasiadas veces que preferimos depender de la capacidad del prójimo para extirparnos nuestros problemas, como si de un cirujano se tratase. Pero, siguiendo con el símil médico, aquí no hay un pedacito intoxicado de carne que extirpar. Es, si me apuras, y si no también, bastante más complejo.
Al final todo es bastante simple, que no fácil, y todos necesitamos ayuda alguna vez, si bien no puede ser en forma de analgésico continuo; pero allí aparecen las personas con las que se cuenta de verdad… y que nada podrán hacer si nosotros no nos dejamos ayudar.
Deshaciendo todo este entuerto, resumiendo… al final todo depende de nosotros. De nosotros ha de partir la chispa que se lance tanto para pedir ayuda, como para enfocar ese dolor y superarlo. Sin nosotros, nuestra voluntad por seguir, es difícil continuar y resulta demasiado fácil acomodarse en el dolor. Nos habituamos a él, hacemos que forme parte de nuestra rutina hasta que pensamos que forma parte de nosotros. Y eso es peligroso, porque las cosas que son rutina no las pensamos, casi no notamos sus efectos, y tienden a difuminarse en nuestro día a día. Pero llamadme idealista, no creo que el dolor, si bien inevitable en la vida, deba ser asumido como una penitencia más. No debe ser algo habitual, ni algo que pase casi desapercibido hasta que es demasiado tarde. El dolor, debemos reconocerlo primero, ser conscientes de él, para poder tratarlo y poder seguir el camino. Es el primer paso…
No pretende esto ser una guía de cómo tratarlo, obviamente, pues tal cometido es algo que queda muy lejos de un humilde post como este… pero no por ello no pondré mi particular visión de algo que todos vivimos, y todos deberíamos compartir más a menudo en esta sociedad demasiado perfecta. Sufrimos, nos duele, y es normal… Una vez interiorizado eso, se puede continuar… en algo nada fácil, pero inevitablemente necesario para alcanzar el objetivo final que creo que compartimos la mayoría: ser feliz.
Pero, repitiendo, felicidad no es ser capaz de olvidar, sino ser capaz de superar. Y para superar algo hemos de ser conscientes de ello. Y para ser consciente de eso hemos de ser capaces de admitir que está ahí, nos guste o no.
“People are afraid of themselves, of their own reality; their feelings most of all. People talk about how great love is, but that’s bullshit. Love hurts. Feelings are disturbing. People are taught that pain is evil and dangerous. How can they deal with love if they’re afraid to feel? Pain is meant to wake us up. People try to hide their pain. But they’re wrong. Pain is something to carry, like a radio. You feel your strength in the experience of pain. It’s all in how you carry it. That’s what matters. Pain is a feeling. Your feelings are a part of you. Your own reality. If you feel ashamed of them, and hide them, you’re letting society destroy your reality. You should stand up for your right to feel your pain.” – Jim Morrison